EL DON DE LA LEVEDAD

Precedidos por una enorme expectación, intérpretes y música, emergieron en los Auditorios de Barcelona y Girona los pasados 15 y 16 de diciembre. El resultado: un acontecimiento que quedará en la memoria del emocionado público asistente.

El concierto de Año Nuevo de Viena, el evento musical más famoso del mundo, en un formato de cámara, sonó desde la energía, la complicidad, el entusiasmo y la maestría de Philharmonic Ensemble.

Brillaron cual solistas las 13 estrellas, todos músicos principales de la afamada agrupación austriaca: Sebastian Bru, el más joven primer chelo de la historia de la Filarmónica de Viena, Walter Auer (Primera Flauta travesera), Holger Tautscher-Groh (segundo violín), Clemens Horak (Primer Oboe), Norbert Täubl (Primer Clarinete), Stepan Turnovsky (Primer Fagot), Jan Jankovic (Primera Trompa en Fa vienesa), Lars Stransky (Primera Trompa en Fa vienesa), Hans Peter Schuh (Trompeta), Klaus Zauner (Primera Percusión) y Filip Waldmann (Primer Contrabajo).

Cercanos, entusiastas, maestros exquisitos y elegantes: sólo esta agrupación, liderada por el violinista Shkelzen Doli, podía reproducir con tal precisión el desenfado, la alegría, la vitalidad y, desde luego, el júbilo de polkas, valses y marchas. Sonaron, por supuesto, con la festiva y celebérrima Marcha Radetzky, las acompasadas palmas, dirigidas por el primer violista de la Filarmónica, Tobias Lea.

Cuando se escuchó en la sala el trémolo inicial de En el bello Danubio Azul, con su nostalgia y su belleza deslumbrantes, apenas podíamos creer que estábamos ahí, y, frente a nosotros, bailaba muy vivo, el conmovedor y majestuoso monumento a la esperanza que es este vals. Inolvidable.